Resulta que después de lidiar durante años con el denigrante permiso de salida, el gobierno ha decidido hacer una reforma cosmética para que al final todo continúe (lampedusianamente) igual. Aquí los dejamos con tres opiniones sobre el asunto, la de Orlando Luis Pardo, desde La Habana, la de Eugenio Yáñez, desde Miami, y la de Ernesto Hernández Busto, desde Barcelona. Todos, más allá de algunos detalles, coinciden en lo mismo: La derogación del permiso de salida es una farsa. Una farsa tan grande como el estado cubano y todos sus mequetrefes. Una farsa tan grande como todas las supuestas bondades que la revolución cubana, durante años, ha ofrecido.