Rafael Rojas: ·Aguilera, narrador·

La clave de El imperio Oblómov no está en la trama de la novela sino en la extrañeza de un narrador que se ubica desde las primeras líneas fuera del territorio de la ficción. Un narrador que “odia el Este y todo lo que simboliza el Este”. Ese narrador, que aborrece la sobrevida del pasado en la memoria, es el mismo que cuenta en primera persona la trama del relato Clausewitz y yo. La historia de un parricida, que con una Remington revienta el cráneo a su padre alcohólico y patán. Un relato sádico que, por momentos, recuerda a Kafka o a Palacio, el ecuatoriano de Un hombre muerto a puntapiésque describe el parricidio como una de las bellas artes. Para seguir leyendo…

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