OLPL: ·Leonardo Padura, un Rembrandt balsero·

A fuerza de tanto intentarlo, insisto en que Herejes puede leerse. Puede leerse a contrapelo de sí misma, como una novela sin herejías. Las ventajas de su lectura popular son también sus propios límites inconfesados, su intríngulis íntimo: ese permanente y paralizante no poder pasar de cierto punto. O, como pedía Salman Rushdie: atreverse a cruzar la raya de lo radicalmente prohibido. En este caso: la ternura con que en Cuba nos castra el tabú del totalitarismo gracias a su maquillaje de indigencia igualitaria. Para seguir leyendo…

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