Alberto Garrido: ·En el país que Dios quiera·

El tabárichi que nos atiende tiene rostros infinitos y esquivos: el famélico repartidor de cartas, el carnicero panzón, el apuntador de bolita que nunca atrapa la policía, el impenetrable jefe de la oficina, la secretaria (in)eficiente, el socio que aparecía con la botella de Huesoetigre, la puta que estudió inglés y se casó con el francés, el ama de casa que critica el picadillo con olor a mierda, el jodedor que se sabía los mil y un chistes de Pepito y de Fidel (el de los cuentos). Para seguir leyendo…

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