ENH: ·Julio Patán cuenta el fracaso del turismo en ‘Cuba sin Fidel’·

Cuba puede entenderse como una de las mayores colecciones de disparates de la historia. Casi cada mínimo aspecto de la realidad tangible es absurdo: el dispositivo intrauterino usado (…); los coches gringos de los 50, esos a los que tuvieron que resignarse los cubanos por obra de la utopía socialista, convertidos en atractivo turístico, con entrañas de Toyota; los manojos de cables; las goteras que no pueden taparse con bolsas de plástico porque tampoco hay bolsas de plástico; las clínicas para todos, pero sin aspirinas o jeringas o acceso a Internet para aprender un poco de tus colegas. Un reyezuelo delirante y todopoderoso decidió hacer de esa isla su campo de juegos surrealistas, su gran museo de la aberración. El reyezuelo se llamaba Fidel Castro, y pasó durante muchos años por un benefactor de su pueblo. Para seguir leyendo…

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