Héctor Santiago: ·La larga muerte de Reinaldo Arenas·

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Una noche en la cocina se le cayó de las manos un vaso que se rompió. Ya antes había notado ese buscar las cosas tanteando, pegarse al rostro los manuscritos para corregirlos –o leerlos a sus amigos como le gustaba hacer–, las erráticas líneas que no podía mantener rectas cuando escribía. Cada vez le molestaba más el sol, iba perdiendo la mirada periférica y describía una danza de bolas luminosas. Dos semanas después, el médico le confirmó una de las peores infecciones asociadas con la enfermedad: el Cytomegalovirus (CMV). Común en una ciudad llena de palomas, pues las aves eran sus portadoras, además del contacto con los fluidos infectados resultando en una ceguera total y la muerte por lenta parálisis cerebral. Para seguir leyendo…

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