Leandro Estupiñán: ·Lezama Lima en perpetua reparación·

La casa de Lezama es lo más alejado a un palacio, pero podría ser lo más cercano a una máquina del tiempo, a un monumento personal, al templo donde el monstruo se refugiaba del sol y la dejadez y de donde solo salía para devorar tandas pantagruélicas de comida, porque necesitaba alimentar a su cuerpo tanto como a su alma, perpetua la última, no así la armazón que la sostenía. Él mismo lo presintió al final: “He dialogado con la muerte y los dos sabemos lo que nos toca hacer”. Para seguir leyendo…

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