Judith Castañeda Suarí: ·Lorenzo García Vega: Piezas interiores·

En esa prosa, llena de referencias, sueños y reflexiones del bag boy, nos encontramos con trozos de su día a día: lo vemos ir y venir por Playa Albina, como el autor denominó a Miami en sus obras, acudir a una biblioteca en su tiempo libre, hacer las compras, empujar el carrito de los clientes, meter la mercancía en una bolsa; lo imaginamos de pie, cerca de la cajera, disimulando al recibir una propina que está prohibida, a diferencia de lo que ocurre con los empacadores que trabajan en los autoservicios mexicanos, cuyo único ingreso consiste en esas propinas. Ahí, cerca, se respira de igual forma la altanería de ciertos clientes: “El racimo de plátanos se debe colocar boca arriba”, dice –ordena– una mujer; otra, de cabello castaño, que parece no saber sonreír, le pide meter las mercancías en bolsas de papel. “¿Cómo será su sexualidad?”, se pregunta el personaje en una especie de venganza silenciosa, dominado el odio hacia esa clienta. Para seguir leyendo…

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