Rauda Jamís-Tejera: ·Ramiro Guerra: la coreografía de un hombre libre·

Los años 70 y 80 fueron períodos de puertas cerradas. “No les gustaba lo que hacía, no tenía ni espacio para una compañía, ni bailarines”, recordó Ramiro más tarde. Tampoco tenía ingresos para vivir, pero aún así hizo algo excepcional: creó un ballet para un solo bailarín al que se accedía a través de la pequeña escalera que subía a la terraza del edificio. En secreto, a escondidas, hacía sus funciones a las que asistían tres o cuatro espectadores cada vez. Para seguir leyendo…

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