Ramón Fernández Larrea: ·Un museo de horrores en Bayamo·

Desde lo más profundo de mi ser, me sube algo hirviente— como la cera—, mis ojos se nublan, mi rostro se contrae en un rictus y mi lengua se vuelve estropajosa. Escuchar las palabras Museo de cera de Bayamo es casi provocarme un infarto, tres derrames cerebrales y una cólera infinita que va derribando obras maestras de la humanidad. Cuando lo mencionan se abre la puerta de mis peores pesadillas: veo la figura de Ignacio Villa “Bola de Nieve”, que no dejaría dormir el resto de su vida al Bola de Nieve original, y que es una suerte que no lo vea ninguna patrulla de la policía de Bayamo, pues pudiera terminar sus días en un calabozo, acusado de ser un anónimo Chichiricú. Para seguir leyendo…

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