Carlos Alberto Montaner: ·Nicolás Guillén, cuatro leyendas·

Nicolás Guillén Landrián no era un impostor sino un sobrino. A Guillén le molestaba que el muchacho, que estaba preso por sus ideas liberales, le usurpara el nombre y su apellido, pero todavía no ha habido una revolución tan radical como para quitarles los nombres a las gentes. Las fábricas sí, y la casa, y hasta las camisas. Pero el nombre es demasiado. Acabaría armándose una confusión tremenda. Así que Don Nicolás tuvo que conformarse con la idea de que su sobrino también llevara a cuestas las catorce letras famosas. Las catorce letras y los dos acentos en las últimas sílabas (algo había que tener agudo, ¿no?) Para seguir leyendo…

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