Alejandro González Acosta: ·Joaquín Blez. Recuerdos y memorias·

Libros no le conocí muchos, pero gustaba especialmente de dos autores italianos a los que trató personalmente: “Pitigrilli” y Giovanni Papini, que eran sus estrictos contemporáneos. De Alemania guardaba un recuerdo muy especial: “Esos años de entreguerras en Berlín fueron gloriosos. El lujo y los placeres eran grandiosos. Había un frenesí desatado después de la Gran Guerra para vivir a toda velocidad y disfrutar al máximo. Los cabarets eran únicos: lo que parecía mármol, era mármol, y lo que relucía como oro, era realmente oro. ¡Qué mujeres! Había sitios con un sistema en que las mesas podían bajarse a un sótano para tener más privacidad…” Allí vio, en una cervecería de Múnich, subido sobre una mesa, gritando furioso y gesticulando como orate, un pálido joven de intensos ojos azules, quien hipnotizaba a la concurrencia: Adolfo Hitler. Luego buscó, compró y conservó los dos tomos de la primera edición de Mi lucha (1925 y 1928), que pude examinar. Para seguir leyendo…

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