Ramón Fernández Larrea: ·El día que comenzó a morir el General Arnaldo Ochoa·

A través de un pequeño aparato de televisión en blanco y negro, en una habitación de la escuela de Medicina de Cienfuegos, a donde habíamos ido a participar en un Festival del Humor, escuchamos la desagradable voz de Raúl Castro arrastrar por el lodo a la figura del General Arnaldo Ochoa, que menos de un mes después sería fusilado tras uno de los procesos más ridículos y crueles que armó y dirigió el gran mentiroso Fidel Castro, para traicionar, una vez más, a sus hombres de confianza. Pero entonces nadie vaticinaba nada. Nadie era capaz de adivinar, en el discurso cantinflesco del ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y hermanísimo del dueño de la isla, que estábamos asistiendo a una especie de obra macabra, tal vez la más macabra de eso que llamaron –y se empeñan en seguir llamando— la revolución cubana. Un sainete con tintes trágicos que se iba a convertir, antes de terminar 1989, en el inicio del fin, cuando se desplomara la Unión Soviética y con ella, el muro de Berlín y todo el campo socialista. Para seguir leyendo…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s