María de Lourdes Mariño Fernández: ·Sobre arte, propaganda y violencia·

Dentro del arte cubano, donde la política, la épica, y el choteo del proceso revolucionario de 1959 se han convertido casi en un lugar común, es difícil localizar artistas y/o obras donde salga a relucir este modo especifico de violencia simbólica que ha sido práctica habitual del totalitarismo cubano a la hora de imponerse social y psicológicamente. No obstante, si hay una metodología de trabajo que encarna esta saturación de sentido de la sociedad cubana es la de Hamlet Lavastida. Sus obras llevan la hipercodificación totalitaria al extremo. Hamlet logra objetivar en sus obras esa mediación simbólica de la violencia que ejerce el totalitarismo una vez que su poder ha sido establecido. Reutiliza los símbolos del poder totalitario en Cuba —banderas, consignas, archivos secretos de la burocracia oficial, fragmentos de discursos de Fidel Castro, editoriales del periódico Granma—, precisamente para sobreexponerlos en su naturaleza lingüística y política. Para seguir leyendo…

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