Héctor Antón: ·El elíxir de la Revolución cubana·

Los intelectuales que se quedaron se han valido del trago para pernoctar en el gran closet político. En público, culpan de todos los males a incapaces o mediocres que usan sus relaciones para escalar o avasallar a otros. En privado, sacan la procesión interior a coger aire, aunque asegurándose de cerrar antes puertas y ventanas. Así, la misma bebida se vuelve contra ellos cuando las instancias superiores deciden sacarlos del juego, producto de los grados de inconveniencia alcanzados. Nada más imprudente para un funcionario gubernamental que beber en público. Cómo entonces descalificar a los sujetos cegados por la nebulosa del autoengaño. Cómo fingir ignorancia en materia de vinos y licores ante sus catadores espías. Para seguir leyendo…

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