Ángela Molina: ·Urbanismo utópico cubano·

Sus proyectos, insólitos, disruptivos, eran ensayos carnavalescos, mordaces, feministas, pobres, como una acupuntura en el urbanismo oficial, pero se quedaron en sueños, conformando un sistema cultural invisible —nada menos— desatendido por el régimen. Los “hijos de Guillermo Tell”, como los bautizó el trovador Carlos Varela (muchas eran mujeres) querían abrir el sistema desde dentro, hacer su propia glásnost, conectando a sus maestros, Porro, Garatti, Gottardi, Betancourt, Seguí, con el underground del este europeo, con el teatro de Artaud, Beuys, las construcciones aztecas, Robert Venturi aprendiendo de todas las cosas, el plan Sert para La Habana —no tan malo— o Habraken legitimando la toma de decisiones de las personas sobre su propia vivienda. Para seguir leyendo…

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