Fonógrafo: ·Introducción a ‘Kabiosiles’ / Ramón Fernández-Larrea·

Aprendí no sólo que vivía en una tierra extendida hacia todos los rincones del sabor, viendo cómo afeitaban a Pío Leyva, El Montunero de Cuba, único mortal que cantaba mientras le tusaban el pelo, en la barbería estrecha de la Calzada de la Infanta, cerca del vaso donde la gorda Fredesbinda García levantaba sus gruesos boleros que presagiaban la muerte y la vida como un tornado pesaroso, a tres pasos sólo del callejón de Hamel, y luego el Pico Blanco, donde tanta novia mía cautivó el ronco José Antonio Méndez con el filin que iba a derramar por el mundo. Y el perico estaba llorando en los carnavales, para que María Caracoles gozara frente al inmenso malecón por donde se desbordaba la música y la cerveza, con la complicidad del mar que parece saberlo todo. Para seguir leyendo…

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