Ernesto Hernández Busto: ·El diablo viste de verde olivo·

Entender a un dictador es también una operación de archivo cultural, implica una hermenéutica del Mal que nunca excluye el absurdo y la ambigüedad. ¿Acaso el propio Bulgákov no cayó en la trampa de Stalin, cuando éste, tras recibir un pedido personal del escritor pidiendo que se le permitiese emigrar, lo llamó una tarde primaveral de 1930 para darle trabajo en el Teatro del Arte? ¿Acaso no sedujo Fidel Castro a Padilla antes de convertirse en su atormentador? No basta con que el historiador coleccione anécdotas, cuestione el culto oficial o trate de desentrañar las razones de una popularidad turística entre el público norteamericano. Todo eso está bién, pero hay que ir más allá. Para seguir leyendo…

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