Ernesto Hernández Busto: ·¿Recuerda, Apóstol, cuando usted encontraba agrio nuestro vino…?·

El culto martiano, esa variación del kitsch cubano, no fue un invento de la Revolución. Ni siquiera se hizo religión de Estado con ella. Ya lo era, de muchas y variadas formas, durante la República. Basta leer las polémicas de la época sobre los emplazamientos de sus estatuas, o las toneladas de tinta que produjo Comisión Nacional Organizadora de los Actos y Ediciones de su Centenario y de su futuro Monumento, para darse cuenta de que, con respecto a Martí, la Revolución cubana no inventó nada: se limitó a usar el material disponible. Para seguir leyendo…

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