José Luis Aparicio & Katherine Bisquet: ·Mariel, eterno retorno·

La cámara de Miñuca separa, pero no segrega. No filma un conjunto, individualiza. Se enfrenta a cada sujeto sin otro instrumental que las manías del curioso. Es una voyeur que participa, se demora en los detalles y revela. Energía que devuelve a las personas que la acogen. Les da espacio y voz. Los nombra. El cine disuelve la masa, la dinamita, se venga del totalitarismo y su pulsión uniforme. Cada persona es un mundo, un vórtice, ajeno y conectado a la corriente. Los filma de frente, mirando a cámara, como hacía Landrián, sin miedo. El estilo desprolijo y caótico no busca embellecer, lo evita, se suma a la estética periférica de un universo que bulle en pos de una definición. Para seguir leyendo…

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