EN: ·Julio Miranda en tres tiempos·

De los muchos adjetivos que se disputaron una caracterización posible de Julio Miranda, me temo que el de “apátrida” fue uno de los que más lo envolvió. De sus amores adolescentes con Cuba, de sus devaneos sentimentales con España o de su relación premarital con Venezuela, sólo quedó un sinsabor. La pasión puesta en interpretar rostros, en descifrar promociones estéticas o en inventariar literaturas, nunca fue correspondida con un mínimo gesto de agradecimiento. Nuestras culturas, admitámoslo, también saben de mezquindades. Ese afán puesto en “pertenecer a algo” siempre lo obligó a permanecer en el umbral de las situaciones, a hablar desde una humilde trinchera, sin calibrar con exactitud cómo su obra o sus posiciones dialogaban con el entorno. Para seguir leyendo…

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