Julio Llópiz-Casal: ·Bitácora olfativa 23 abajo·

Las ciudades se viven y se padecen. Hay ciudades seductoras, generosas, que dan ganas de pasearlas, de habitarlas. Se siente placer al sobrevivir en ellas. Hay otras que son hostiles, que se resisten a los desplazamientos que en ellas suceden, que se resisten a que su gente pise y corra, a que la marquen como un territorio conquistado. Las ciudades huelen. Los distintos lugares de las ciudades huelen uno diferente del otro, como las partes del cuerpo. Los pies de la ciudad no huelen como huele detrás de sus orejas. La cabeza de una ciudad no huele como sus axilas, ni como su sexo. Para seguir leyendo…

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