Héctor Antón: ·De la mano a la boca o el fantasma de Duchamp·

La nota discordante de la exhibición recayó en el SexMachine que reposaba sobre un rústico pedestal de madera en un rincón a oscuras. Se trataba de un objeto eléctrico que representaba una cópula mecánica, ajena a todo el voyeurismo que rodeaba a la obra que lo relegaba a un segundo plano. En su frustrante introversión, esta mínima caricatura del cine pornográfico se revirtió en el error de la muestra. Si por un lado no alcanzó ninguna relevancia en semejante contexto performático, por otro obligó a potenciar el concepto virtual como pifia calculada y no como imagen real. Para seguir leyendo…

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