Melissa C. Novo: ·Interviú a Idalia Morejón / La condición de fantasma·

En Casa de las Américas la Seguridad del Estado interfería en la vida personal de sus funcionarios, siempre atentos a las amistades con extranjeros, a los problemas de la vida privada, inclusive las relaciones amorosas de los funcionarios. Los más controlados por los agentes del orden eran los artistas y los homosexuales. Aquí se mezclaban los prejuicios propios de los militares con la mojigatería de la vieja guardia directiva, constituida sobre todo por mujeres, por antiguas niñas de bien de la capital o de provincias, como Chiki Salsamendi, Marcia Leiseca y Silvia Gil, o Lesbia Vent Dumois y Magaly Muguercia, cuyos orígenes desconozco. Cualquier cosilla era motivo de escándalo: en mi caso, no usar ajustadores, raparme la cabeza; en el de Atilio, llevar el pelo largo y calzar sandalias. Si recibíamos correspondencia personal en 3ra y G, esta iba primeramente a la secretaría de la Presidencia, donde las cartas eran abiertas, leídas, fotocopiadas, marcadas con el cuño de la institución, y luego entregadas abiertas a sus destinatarios. Para seguir leyendo…

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