Abilio Estévez: ·Retrato de Virgilio en el infierno·

Era juguetón, intelectualmente juguetón, y no sé si la frase sea apropiada. Quiero decir: jugaba con las ideas y aunque sabía ponerse serio, su conversación estaba siempre repleta de paradojas y, sobre todo, de incitaciones, de opiniones y conceptos que luego, cuando se despedía, quedaban resonando con la intensidad de los repiques de aquella misma campana de hojalata de la que escapaba su voz. Salvo contadas excepciones, vestía como un hombre que se prepara para un corte de caña (aunque él hubiera dicho que se vestía como quien va a herborizar): zapatos que, aunque no eran botas, lo parecían: eran las que daban por cupones en los centros de trabajo; pantalón ancho, de tela mala; camisa de caqui gris con bolsillos de tapas, una talla más grande. Limpio y bien planchado, a pesar de que sostenía que sólo se bañaba los sábados. Nunca sudaba, ni bajo el más perverso de los mediodías. Para seguir leyendo…

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