Jesús J. Barquet: ·De cómo sobreviví al socialismo real. Ser joven en la Cuba de los años 60 y 70·

Proliferaban en Letras las constantes, interminables y obligatorias reuniones o asambleas de docencia, de crítica y autocrítica, de adoctrinamiento político y hasta de producción o Inserción: en estas últimas, un incumplimiento considerado grave podía resultar en la expulsión de la Universidad, de ahí que muchos colegas prefirieran faltar o llegar tarde a clase, en vez de al trabajo. El “reunionismo” abarcaba desde el ineludible círculo político para leer y (dizque) discutir el último discurso del ML —o sea, para garantizar nuestra lectura y repetición entusiasmada y admirativa de sus ideas, así como para corregir y condenar cualquier desvío de los principios de la fe—, hasta las terroríficas asambleas en las que los estudiantes teníamos que no sólo autocriticarnos por asuntos considerados políticamente incorrectos, sino también criticar o delatar a nuestros compañeros o, en el menos activo de los casos, aprobar públicamente la arbitrariedad o injusticia que allí los dirigentes cometieran. El objetivo de esos encuentros no era facilitar un marco democrático de expresión de ideas y solución de problemas, sino crear y mantener, mediante el amedrentamiento y los parámetros represores del momento, una conforme homogeneidad entre nosotros. Para seguir leyendo…

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