Abel Sierra Madero: ·Interviú a Ana María Simo / Cuba es dolorosa. Trato de no verla·

Al día siguiente, mis padres me llevaron en un taxi a una clínica siquiátrica, donde me dieron doce electroshocks. Allí pasé más de dos meses. La clínica tenía tanta seguridad como la cárcel. Nadie podía escapar de aquel sitio. Y yo no sabía en qué lugar se encontraba. Las dos primeras semanas me prohibieron libros, lápiz y papel. Me daban algunas pastillas por la noche. El director de la clínica, un siquiatra que trabajaba en Mazorra, habló varias veces conmigo. Más sutil y amable que el interrogador de la cárcel, pero como aquel, tratando de sacarme información sobre la sexualidad de los de El Puente. Tampoco le dije nada. Pensé, ingenuamente, que tratándose de un médico y no de un policía, podía razonar con él informándole que mi encarcelamiento era arbitrario, ilegal, político y no terapéutico. Le dije que yo no padecía una enfermedad mental, pero mientras más le hablaba, más notas tomaba y más implacable era su mirada. Para seguir leyendo…

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