Julio Llópiz-Casal: ·El autobús mágico·

La brutalidad se desató definitivamente cuando el ministro lanzó el zarpazo y le arrebató el teléfono a Mauricio. Fue como si de pronto le salieran alas de murciélago en la espalda y una aureola de fuego negro rodeara su cabeza. A partir de ahí, las mujeres comenzaron a maltratar a otras mujeres, los funcionarios culturales comenzaron a lanzar improperios y puñetazos, y los policías (uniformados o no) se entregaron gustosos a ese trabajo que hacen cada vez mejor: liberar su frustración reprimiendo a quienes priorizan lo que ellos no pueden priorizar: su condición de ciudadanos. Para seguir leyendo…

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