Olivia Manrufo: ·Detesto no recordar su nombre·

Mis articulaciones estaban borrachas de placer, todo estaba blandito, chorreando en mí, y ella, que sabía mucho, sin dejar de mirarme, me abrió con su lengua los labios de mi vagina, y comenzó a besarme con la delicadeza de una brisa que te estremece y te refresca y te adormece. Todavía puedo ver sus ojos amarillos viéndome, mientas me comía toda desde allá abajo. Su cara de placer era lo que me hacía olvidar la angustia de si me vengo o no me vengo, esta norma que nos mata y no nos deja desprendernos y entregarnos al deseo. Ella disfrutaba cada lamida, cada chupada, disfrutaba mis fluidos como si fueran suyos, como si no importara quién hiciera qué a quién. Para seguir leyendo…

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