Carlos Lechuga: ·Aeropuertos y mazmorras·

El discurso estatal es claro: Cuba es nuestra, etcétera. Más allá de la incitación al odio, a la división (no hay que olvidar aquello de “Divide y vencerás”), es preocupante ese complejo endiosado, de “creador universal”, en el que viven nuestros gobernantes. Es como si, en una artimaña bien tramada, nos hubieran quitado la voz, el poder, nuestra luz interior, nuestra individualidad, para dar paso a una masa amorfa sin ningún derecho. Una masa amorfa que es movida para allá y para acá, maltratada y ultrajada sin que a nadie le importe. Si no les importamos ni a nuestros propios conciudadanos, ¿por qué alguien de afuera se tiene que preocupar por nosotros? Para seguir leyendo…

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