Hamlet Fernández: ·Homenaje deconstructivo al Congreso Nacional de Educación y Cultura·

El mejor arte de los sesenta, el que se considera hoy patrimonio de la nación, sigue siendo arte de élite, complejo e intrincado, una perenne otredad de sentido para el receptor, incluso para un receptor ideal. Además, si se analiza con detenimiento, el referido gesto utópico también encubre una doble violencia simbólica: a la que estuvieron sometidos los creadores, presionados a hacer un arte “elevado”, pero para el pueblo, la clase obrera, etc.; y de manera más difusa, la violencia simbólica que se disemina en la esfera del consumo. Pretender que amplios sectores de la población, anteriormente ajenos al arte de élite, se incorporaran a su consumo de manera súbita, es también un acto de violencia simbólica, por más que el gesto esté fundamentado en una voluntad política positiva, guiada por la máxima de la democratización universal del arte y la cultura. Para seguir leyendo…

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