Melissa C. Novo: ·Interviú a Carlos A. Aguilera / Convertir espacio privado en infiernito·

En Cuba cuando ves que la gente ante ti empieza a mirar hacia otro lado, que cruzan la calle, que evitan devolverte el saludo (de pronto, esos que conversaban contigo ayer están hoy más apurados que nunca), es porque has pasado a la condición de apestado. Y pasas a la condición de apestado solo cuando publicas o dices o haces algo que no cae bien, que forma ruido. Y a partir de ese momento, el miedo ―alrededor tuyo― adquiere la misma consistencia de un flan. Hay que saber que nosotros entregábamos muchas veces el nuevo número de la revista Diáspora(s) en lugares «comprometidos»: la presentación de alguien en la sala Villena de la UNEAC, por ejemplo. O en algún lanzamiento de la revista Revolución y cultura. Llegábamos y les dábamos la revista a los conocidos que tuviéramos allí. Con mucha pausa además, como si fuera algo casi sagrado. Un tesoro. La rapidez con que la gente hacía desaparecer la revista en sus maletines era proporcional a la satisfacción que aquel happening nos enmarcaba en el rostro. Para seguir leyendo…

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