Claudia Muñiz: ·Ellos no merecen nuestra angustia·

A principios de los 80 el DTI desplegó la Operación Adoquín, que llevó injustamente a la cárcel a muchísimos artesanos que vendían sus piezas en la Plaza de la Catedral, y mi padre fue uno de ellos. Aun cuando llevaba tiempo sin ejercer como artesano, estaba en una lista de esas que en Cuba es como si firmaras una membresía de por vida. En la madrugada de un día entre semana cualquiera, la casa de mi familia fue sometida a un registro. Como única prueba de los delitos de mi padre, encontraron un recorte viejo de cuero y un altar espiritual perteneciente a mi bisabuela, que él guardaba como pequeños tesoros. Para seguir leyendo…

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