Darío A. Alemán: ·Dulces suicidas cubanos. Matar la muerte·

A Eduardo Chibás, el hombre que hizo de la «vergüenza» casi un lema nacional, y una virtud, se le hace imposible vivir avergonzado. Eddy pudo haberse evitado semejante drama si tan solo atendiera a los consejos de sus allegados. Le hubiera bastado con no insistir demasiado en las acusaciones, frenarlas a tiempo y volver, como si nada, a sus discursos radiales de siempre. La mayoría de sus seguidores, gente apacible y sencilla, le habría perdonado una jugarreta como esa. Hubiesen olvidado el affaire de la maleta con tal de seguir haciendo de sus furiosos discursos una suerte de terapia contra la inconformidad. Los cubanos jamás se aburren de las monótonas diatribas de Eddy. Les gusta escucharle decir que el presidente Prío es un gánster y que Batista, Napoleón caribeño, conspira para ejecutar una versión malograda del regreso desde Elba. Sin embargo, el objetivo de demostrar la presunta corrupción de Arango le sedujo demasiado. Para seguir leyendo…

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