Armando Valdés-Zamora: ·Las sombras romanas de Calvert Casey·

Al principio de su exilio, sin saber qué hacer para encontrar un trabajo y con unos 300 dólares de ahorros, Juan Arcocha había sentado campamento en un hotel de Ginebra. Su misión consistía en pasar varias veces por semana por la ONU a citas con las que lograría al final tener un contrato de intérprete del francés, del inglés, del ruso y del italiano, lenguas que hablaba. Este era el argumento con el que había convencido a su amigo para unirse a él en Suiza. Antes de que volviera a La Habana a trabajar en una quincalla y en la Cuban Telephone Company, Calvert había fungido como intérprete en las oficinas de la ONU en New York. Para seguir leyendo…

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