Severo Sarduy: ·Un algodón de ‘Las meninas’ para Michel Foucault·

Sospecho que siempre quiso instalarse, mudarse, en California o aquí en París, a un espacio puro, de tranquilidad y de placer. Pero, cosa importante: este espacio, este lugar sin nombre, no se encontraba bajando sin freno la vertiente del hedonismo, sino al contrario, subiendo -aunque parezca paradójico- la de la moral: liberarse del yo, para llegar al dominio, como querían los griegos que él evoca en su último libro, El uso de los placeres, a la plena maestría de sí. Para seguir leyendo…

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