Manuel Pereira: ·El curso délfico·

Lo que más me impresionó en aquel primer encuentro no fue su gordura, sino su estatura, pues no sé por qué imaginamos pequeños a los gordos. También observé que su disnea justificaba cierta musicalidad en sus frases, siempre terminadas en una leve inflexión que no era ajena a la elegante torpeza de sus dedos, con los cuales dibujaba signos en el aire mientras hablaba. Para seguir leyendo…

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