Archivo de la categoría: Diáspora(s)

Ignacio Iriarte: ·El sueño de la razón engendra monstruos / Clausewitz y yo, de Carlos A. Aguilera·

Clausewitz y yo constituye un libro notable por el modo en que interroga la tradición del pensamiento sobre el poder. También pone en juego una forma de narrar con la que muestra la desaparición de los grandes focos de racionalidad y la transformación consecuente del mundo en una red de cuerpos, instintos e informaciones. Tanto en Clausewitz y yo como en su anterior ‘El imperio Oblómov’ hay una nota pesimista ya que nadie se libra del totalitarismo en la medida en que todo personaje tarde o temprano termina muriendo o articulando una posición de esas características. Desde el cristal deformado de su ficción, que en su caso está cerca del cine expresionista alemán, el mundo se abisma en la paranoia y en la construcción de torres totalitarias o formas familiares de la opresión. Para seguir leyendo… (Imagen: Legna Rodríguez Iglesias).

Revistas: ·Diáspora(s). Documentos (1997-2002)·

Diáspora(s) Documentos ha de entenderse como la concreción más definida del malestar de un grupo de jóvenes escritores que actuaba y escribía en la frontera de la maquinara cultural del Estado totalitario en Cuba en los años del cambio del siglo XX al XXI. Criminalizada por las leyes del país, tanto por ser la prueba de madurez de una asociación de personas con una proyección pública refractaria al control del gobierno, como por el emplazamiento crítico a los fundamentos simbólicos y discursivos de la cultura nacional que practicaba, sobrevivió bajo el estigma del samizdat en un ambiente de depauperación política entre prometedores aires de perestroika. Para seguir leyendo… (Imagen: D(s) 4-5, Zarza-Guirola).

Henry Eric Hernández: ·Interviú a Carlos A. Aguilera / Sobre Archivo y terror·

Archivo y terror practica dos posiciones que son las que muchas veces también busco en los textos que leo: investigación e intervención. Del primero solo decir que me interesa fuera de la razón académica, fuera de toda escolástica o informe, dejándole espacio a las intuiciones, lo biográfico, la seducción y al falso close reading (por no académico y por lúdico), y donde se reacoplen teorías y hechos con cierto espacio de escritura, a la manera que lo haría un Brodsky o un Olson, quien escribió ―para mí― el mejor libro que se ha editado sobre Moby Dick (con el perdón de Lawrence, quien también tiene un genial ensayo sobre Melville en sus Estudios sobre literatura clásica norteamericana). Y sobre la intervención, solo señalar que me interesa desde muchos lados, del modo en que, por ejemplo, lo hago en mi conversación con Heiner Müller. Para seguir leyendo…

Melissa C. Novo: ·José Manuel Prieto y el destierro autoral·

Lo notorio de Diáspora(s) es el interés por lo formal, por la experimentación formal. La literatura como fenómeno nos interesaba más que nada, tenía un alto valor contestatario, pero en el enfoque de escribir una literatura al margen de los cánones. Lo de nosotros fue hereje, pues lo mínimo, reunirse en un grupo, era considerado una herejía, ¡no ya publicar algo de manera independiente! En los noventa la aparición de Diáspora(s) representó un crimen de lessa humanidad. Para seguir leyendo… (Imagen: V. Efroimson).

José de Montfort: ·Clausewitz y yo·

Como en toda su obra, Aguilera luce aquí un gusto por la insidia grotesca y por una cierta caricatura postbrechtiana (manteniendo su idea del gestus, herramienta para parar la acción y despertar la conciencia del público). Esto se concreta en la idea estética del arte frente al utilitarismo funcional: el crimen como visage (o gesto exagerado del rostro). El crimen como un agujero en la pared de la cárcel familiar, estatal y médica, que abre un nuevo horizonte de expectativas; pensado menos como un asesinato que como un fenómeno bello y artístico. Clausewitz y yo es, en resumidas cuentas, una excelente nouvelle que se sintetiza en una pregunta crucial: ¿supone el crimen el colmo de la abyección, o son la vileza y la infamia sólo redimidas a través del crimen? Y su corolario: ¿la violencia se hereda o es innata al ser humano? Para seguir leyendo…

Nanne Timmer: ·Afectos y desafectos. Lectura de ‘Clausewitz y yo’ de Carlos A. Aguilera·

Más que leer Clausewitz y yo en el plano de la trama, hay que leerla en su plano afectivo y efectivo, en su escenario. Lo que estudia Sara Ahmed acerca de la performatividad de la repugnancia, Aguilera lo investiga a través de la narración. Además, en la literatura de los sentimientos «feos» (la envidia, la angustia, la paranoia, la molestia…), según Sianne Ngai, pueden encontrarse los dispositivos perfectos para pensar la relación entre estética y política. Esa es la fórmula dinamita mediante la que el escritor cubano se mueve entre maldad y humor, y es así como desintegra los automatismos de identificación entre lector y obra. El texto pide una reflexión sobre los mecanismos perversos o pulsiones arcaicas de nuestra convivencia, tal como se hace evidente si se piensa el texto en términos antiedípicos. Para seguir leyendo… (Imagen: Eduardo Sarmiento).

Martica Minipunto: ·Clausewitz y yo: letal·

Clausewitz y yo leído como una representación del terror contemporáneo: ese terror que obsesiona al narrador y le hace escribir, como quien codirige una película de Roy Anderson con el arte de Vitto Aconci. El terror en esta película alcanza su “dimensión Aguilera” fundiéndose con la estética receptiva del reality show: yo, sentada en una habitación sin ventanas, leo una novela que dispone, desde la crueldad doméstica, la violencia primitiva de los sistemas afectivos y políticos; violencia que halla en el orden familiar su campo de acción proverbial, y en la ideología el vaho de la opresión contemporánea. Para seguir leyendo…

Melissa C. Novo: ·Interviú a Carlos A. Aguilera / Convertir espacio privado en infiernito·

En Cuba cuando ves que la gente ante ti empieza a mirar hacia otro lado, que cruzan la calle, que evitan devolverte el saludo (de pronto, esos que conversaban contigo ayer están hoy más apurados que nunca), es porque has pasado a la condición de apestado. Y pasas a la condición de apestado solo cuando publicas o dices o haces algo que no cae bien, que forma ruido. Y a partir de ese momento, el miedo ―alrededor tuyo― adquiere la misma consistencia de un flan. Hay que saber que nosotros entregábamos muchas veces el nuevo número de la revista Diáspora(s) en lugares «comprometidos»: la presentación de alguien en la sala Villena de la UNEAC, por ejemplo. O en algún lanzamiento de la revista Revolución y cultura. Llegábamos y les dábamos la revista a los conocidos que tuviéramos allí. Con mucha pausa además, como si fuera algo casi sagrado. Un tesoro. La rapidez con que la gente hacía desaparecer la revista en sus maletines era proporcional a la satisfacción que aquel happening nos enmarcaba en el rostro. Para seguir leyendo…

Melissa C. Novo: ·Interviú a Rogelio Saunders / Literatura vs Estado: lenguaje, libertad y pensamiento·

Ninguno de nosotros «participó» en diáspora(s). No se trataba de un grupo sino de un «proyecto». Ello era lo que éramos en ese momento los cinco escritores que confluimos en su fundación (Rolando Sánchez, Ricardo Alberto Pérez, Carlos Alberto Aguilera, Pedro Marqués de Armas y yo): lo que pensábamos (y lo que nos interesaba en lo que pensaban otros) sobre la literatura, sobre el arte en general, sobre el Estado, etc. Y queríamos que otros lo supieran también. De ahí que sólo una pequeña parte de la revista estuviera dedicada a lo que nosotros mismos escribíamos. Y fue importante en la medida en que, como proyecto, salió completamente de la órbita ideológica revolucionaria (es decir: estalinista) y se situó en otra parte: en un lugar en donde, por distintas razones, no se había situado antes lo que se escribía en Cuba: la vinculación intensa de la escritura y el pensamiento, así como la crítica de cualquier ideologización o provincialización de la literatura, tanto si se trataba del nacionalismo literario como del realismo socialista. Para seguir leyendo…

Carlos Espinosa: ·Confesión, invectiva y ajuste de cuentas·

Quienes busquen en Clausewitz y yo una trama argumental se verán frustrados, pues su esquema narrativo está en las antípodas de los patrones tradicionales. Su radicalidad formal y temática la hace más idónea para lectores perspicaces, que disfrutan al poner su propia inteligencia en acción. Aguilera ha realizado además un poderoso esfuerzo de síntesis, y eso ha cristalizado en una obra en la cual la brevedad no está reñida con la incómoda lucidez y la intensidad. Para seguir leyendo…

Evento: ·Escritura contra el canon. Escritura contra los orígenes / José Manuel Prieto, Carlos A. Aguilera, Marelys Valencia & Cecilia Enjuto Rangel·

Bajo el título de Escritura contra el canon. Escritura contra los orígenes (password: UFLh*z9^), este evento virtual -realizado por el Saint Mary’s College- trató sobre el panorama literario cubano de los años noventa, cuando, en medio de una crisis económica y social sin precedentes, un grupo de jóvenes autores, entre ellos Prieto y Aguilera, concertaron sus energías creativas alrededor del grupo Diáspora(s), que significó una reacción de gran rigor intelectual ante el totalitarismo nacionalista que descubrían en las políticas culturales impuestas por el gobierno cubano. Para seguir leyendo…

Boris Badía: ·Insularidad e imaginario nacional en la joven poesía cubana: de la fiesta innombrable a la ‘chopitrapo’·

Tras la lógica antisistema que se verifica en su pensamiento poético, Diáspora(s) confronta el desgaste del mito de la «insularidad», de esa pueril inmanencia de «lo cubano», especie de mitologema sobrexplotado e instrumentado desde cualquier enclave ideológico, esbozo arquetípico interpelado hasta el paroxismo, lo mismo desde la nostalgia contemplativa de un ecumenismo trascendentalista; desde los lindes de una lateralidad, que hace mucho rato colinda más con el «color local» y con determinadas exigencias hermenéuticas que con una asunción creativa de su diferencia; y desde las más elementales operaciones simbólicas de lo normativo. Para seguir leyendo… (Agradecimientos a YC).

Rolando Sánchez Mejías: ·Artaud en La Habana·

Artaud en La Habana. Textos inéditos y olvidados, el libro de Pedro Marqués de Armas publicado recientemente por la editorial Casa Vacía, puede ser leído como una investigación casi policial. Marqués de Armas opta por un narrador especulativo, en varios sentidos. Porque la ficción (la verdadera, al ser ficción, al tratar con fantasmas) es metafísicamente detectivesca. Y las obras cuyo vaivén es pura inventiva y averiguación a la vez, lo novelable y el ensayo como contrapunto, como hace Marqués, trabajan con los agujeros, con lo que no sabemos ni podremos saber; agujeros que no son fáciles de cubrir con fáciles elipsis (mucho más cuando escasean los materiales y testimonios), a no ser que sean detentores de secretos que suscitan, en el ojo de la mente, un elemento más de la ficción. Para seguir leyendo…

Jorge Enrique Lage: ·Interviú a Carlos A. Aguilera / Teoría de la transficción·

Teoría de la transficción es solo un pequeño ejemplo de todo lo que puede ser transficción. Un ejemplo en el que quise concentrarme en zonas literarias. Es decir, que tienen que ver con el “aura” relato, con la manera en que el diario, el ensayo, la crónica o la poesía trabajan esta aura. Y paradójicamente, por esto tampoco es una antología extensa. No se trataba de antologar a todos los que podían estar (…), sino a esos que, a mi entender, mejor atraviesan el tema, mejor lo ilustran. Para no perderme: lo ideal era haber hecho un libro que, aparte de los representados, tuviera también ejemplos de transficción en la fotografía o la pintura o el teatro, digamos. Zonas donde lo transfictivo es una fuerza en sí. Para seguir leyendo…

Pedro Marqués de Armas: ·Artaud en La Habana·

Aquí los dejo con la introducción y el índice a Artaud en La Habana. Textos inéditos y olvidados, el libro (la investigación) que hace nada sacara Pedro Marqués de Armas por Casa Vacía: “Han pasado 82 años del viaje de Antonin Artaud a México y de su escala de cinco días en La Habana. Mucho se ha investigado sobre su estancia en el país azteca, pero apenas se sabe algo de sus días habaneros, más allá de la reiterada mención al encuentro con el “sorcier nègre” que le señala el camino y obsequia una pequeña espada de Toledo.” Disfruten perversillos 😉