Archivo de la categoría: Libros

Rodrigo Labriola: ·La carta robada de Lezama Lima: utopía, literatura y política intelectual·

Sólo un año antes de su muerte, Lezama habría planteado casi en secreto un principio de oposición feroz tanto a sus propias ideas previas sobre el Barroco como a las teorías del barroco de Alejo Carpentier (el vórtice del debate de los años setenta). Pero también, en gran parte, esta especie de eructo antibarroco cuestiona la tendencia posterior que surgiría con los neobarrocos de Sarduy y de Campos. El Barroco, definido como un “término apestoso”, que “tiene su raíz en el resentimiento” -era predecible con respecto a Alejo Carpentier (precisamente por sus diferencias en política y poética contexto de la revolución cubana, ya endurecida la política cultura después del caso Padilla, en lo que se llamaron “años grises”). Así, la cita de Lezama podría ser vista, en principio, apenas como una clara respuesta a la intervención de Carpentier en Caracas el mismo año de 1975, sólo unos pocos meses antes de la carta… Para seguir leyendo…

Julio Llópiz-Casal: ·Virgilio Piñera, el perfume de la piña·

Pensar en Virgilio Piñera es recordar los enormes huevos que hay que tener para insertarse en una genealogía creativa que no guarda demasiada relación con la que dictamina el contexto. Su valor no radica solamente en haber decidido inspirarse más en los latidos poéticos de Charles Baudelaire que en los de San Juan de la Cruz, o en apostar por la aridez y la parquedad del lenguaje en vez de por el ornamento empenachado y rector en la tradición de las letras hispanas (a riesgo de ser tildado de émulo kafkiano tropical de bajo costo), sino en haber tomado estos caminos sin cómplice, sin compañero de aventura. Se adentró en una geografía difícil y nunca dejó de lanzar señales desde ahí, a pesar de caminar solo. Para seguir leyendo…

Gustavo Pérez Firmat: ·A Cuba·

No sorprende que una pieza tan anodina y sentimental como Canción de cuna haya provocado estos y otros exabruptos. Contra la cursilería, el choteo. Contra la literatura rosa, los chistes verdes. Contra el “intenso españolismo” (Espinosa dixit), el cubanismo chocarrero. Ni el propio Martínez Sierra se salva del hábito de irrespetuosidad que, según Jorge Mañach, caracteriza al choteador. Al lado de la fotografía del autor, en una alusión a la joven que deja a su hijo recién nacido en la puerta del convento, alguien ha escrito: “Sí, sí, yo me la singué. Y así termina mi historia.” Para seguir leyendo…

Luis Cino: ·Interviú a Manuel Ballagas / La cárcel o el ejército te exponen a lo mejor y peor del ser humano·

¿Qué podía provocar una perreta de Fidel? Ni Dios lo sabía. Pero sucedió que en la UNEAC había algunos jefecillos que querían deshacerse de esa editorial, por motivos políticos o por prejuicios homofóbicos hacia José Mario. De modo que Fayad Jamís ─en esa época miembro de la directiva de la UNEAC─ se confabuló con Onelio Jorge Cardoso para sustraer de la imprenta las pruebas de galera de mi libro y dársela al comandante René Rodríguez, muy cercano a Fidel Castro, como botón de muestra de todo lo malo que se incubaba entre los intelectuales.  En una reunión informal con estudiantes en la Plaza Cadenas de la Universidad de La Habana, a mediados de 1965, y casi echando espuma por la boca, Fidel tildó mi libro de “intolerablemente morboso” y “contrarrevolucionario”, y ahí mismo lo hizo pedazos. Entonces alguien de la audiencia, creo que Jesús Díaz, le preguntó: ¿Y qué hacemos con El Puente, Fidel? Y él respondió: “Ese puente lo vuelo yo”. Para seguir leyendo…

Darío Alejandro Alemán: ·Interviú a Roberto Batista Fernández·

La Revolución nace como consecuencia de una oposición al golpe de Estado del 10 de marzo. Esa oposición se hizo muy fuerte, desencadenó la violencia, se radicalizó y provocó la caída de mi padre. Además, el Departamento de Estado de Estados Unidos, en un primer momento, apoyó a la figura de Castro y no a Batista. De hecho, a mediados de diciembre [de 1958], el Departamento de Estado le exigió a mi padre abandonar el poder e irse. Entre la retirada del apoyo de Estados Unidos y la situación del terrorismo en Cuba, que se había vuelto una guerra civil, mi padre no resistió. Para seguir leyendo…

Nanne Timmer: ·Afectos y desafectos. Lectura de ‘Clausewitz y yo’ de Carlos A. Aguilera·

Más que leer Clausewitz y yo en el plano de la trama, hay que leerla en su plano afectivo y efectivo, en su escenario. Lo que estudia Sara Ahmed acerca de la performatividad de la repugnancia, Aguilera lo investiga a través de la narración. Además, en la literatura de los sentimientos «feos» (la envidia, la angustia, la paranoia, la molestia…), según Sianne Ngai, pueden encontrarse los dispositivos perfectos para pensar la relación entre estética y política. Esa es la fórmula dinamita mediante la que el escritor cubano se mueve entre maldad y humor, y es así como desintegra los automatismos de identificación entre lector y obra. El texto pide una reflexión sobre los mecanismos perversos o pulsiones arcaicas de nuestra convivencia, tal como se hace evidente si se piensa el texto en términos antiedípicos. Para seguir leyendo… (Imagen: Eduardo Sarmiento).

Guadalupe Silva: ·‘Teoría del alma china’, de Carlos A. Aguilera: un viaje al interior del artefacto totalitario·

Teoría del alma china es un texto sobre el interior de la frontera, pero escrito en el umbral de esa frontera. Un texto que desnaturaliza la unidad territorial al presentarla como una maqueta, un objeto construido y diseñado, un dispositivo de sometimiento. El texto cartografía ese dispositivo justamente para mostrar que nada de lo que encierra es de orden natural o inmodificable. Nada es allí un mandato del ser, el alma o el destino. El momento político de la ficción –allí donde finalmente se ofrece como pharmakon— se plantea cuando el texto da a entender que el Estado, por brutal que sea, es un acto de lenguaje tan artificial como cualquier otra creación, tan caprichoso y pasajero como otras manifestaciones del arte. Para seguir leyendo…

Abel Sierra Madero: ·José Mario: ‘Cabrera Infante entristece a los tigres’ (Inédito)·

Poco antes de morir en Madrid, en el otoño de 2002, José Mario le envió parte de su papelería a su amigo Reinaldo García Ramos. En el legajo que gentilmente García Ramos me compartió, se encuentran copias de sus textos publicados, y también, algunos inéditos. Hoy comparto uno de ellos con los lectores de “Fiebre de Archivo”. Se trata de “Cabrera Infante entristece a los tigres”, en el que José Mario, además de criticar la novela de Caín, aprovecha para hablar de la persecución que sufrió en Cuba y del papel de algunos escritores como Heberto Padilla y Roberto Fernández Retamar en el asunto. Para seguir leyendo…

Ignacio Iriarte: ·Del Concilio de Trento al Sida (Dominio lacaniano)·

Aquí los dejo con un buen fragmento de Del Concilio de Trento al SIDA, libro de Ignacio Iriarte publicado hace unos añitos atrás: “Sarduy deja de lado la inflexión romántica de Lezama y propone una visión diferente tanto de la estética como de los conceptos que le dan forma. En primer lugar, el Barroco es una cuestión de lenguaje, pero no se trata ya de la búsqueda de una fuente de sentido, sino que, tras la inversión lacaniana del signo, ese lenguaje se convierte en un tejido semiológico que produce la realidad. En segundo lugar, y como correlato de esta propuesta, Sarduy elimina el catolicismo de Lezama y propone lo que Gustavo Guerrero denomina una “religión del vacío”, es decir, una mística de la vacuidad, que es lo impensable del hombre en tanto estructurado por el lenguaje”. Para seguir leyendo…

Fernanda Bustamante Escalona: ·De un habanero insilio insular al circuito editorial en la España tardofranquista: Paradiso·

Tras la consulta del catálogo de los libros de la biblioteca personal del autor (albergados algunos en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí y otros en su casa Museo en La Habana), pude corroborar que entre los ejemplares que se conservan de Paradiso, en lengua castellana, solo se encuentran los de la editorial Unión (1966) y Era (1968), junto a tres traducciones: la francesa de Éditions du Seuil (1971), la italiana de Il Saggiatore (1971) y la norteamericana de Farrar, Straus and Giroux (1974). Es muy probable, por tanto, que el habanero falleciera sin conocer la primera edición de Paradiso en España –desconozco si porque la editorial no le escribió ni le envió ejemplares o si porque estos fueron requisados por la administración cubana, o por posible pérdida del ejemplar–. Todo ello es una muestra más de cómo se le sumó a su insilio insular el haber sido aislado también del propio proceso de publicación de su obra. Para seguir leyendo…

Martica Minipunto: ·Clausewitz y yo: letal·

Clausewitz y yo leído como una representación del terror contemporáneo: ese terror que obsesiona al narrador y le hace escribir, como quien codirige una película de Roy Anderson con el arte de Vitto Aconci. El terror en esta película alcanza su “dimensión Aguilera” fundiéndose con la estética receptiva del reality show: yo, sentada en una habitación sin ventanas, leo una novela que dispone, desde la crueldad doméstica, la violencia primitiva de los sistemas afectivos y políticos; violencia que halla en el orden familiar su campo de acción proverbial, y en la ideología el vaho de la opresión contemporánea. Para seguir leyendo…

Arturo Matute Castro: ·Dos narrativas de ‘Mariel’: Muestrario de perdedores y suicidas·

En las dos obras de los escritores de Mariel vistas se ha hecho patente cómo existen entre Arenas y Rosales semejanzas temáticas y narrativas que están asociadas principalmente a la experiencia del exilio. El identificarse colectivamente en relación a un momento específico de la emigración de cubanos a los Estados Unidos, el éxodo del Mariel, conlleva a reflexiones sobre el nacionalismo cubano en las cuales se denuncia su trasvase hacia otro modelo que ya no tiene como ideólogos a los patricios fundadores de la nación cubana sino a las clases dominantes a ambos lados del estrecho de la Florida. Para seguir leyendo…

Melissa C. Novo: ·Interviú a Carlos A. Aguilera / Convertir espacio privado en infiernito·

En Cuba cuando ves que la gente ante ti empieza a mirar hacia otro lado, que cruzan la calle, que evitan devolverte el saludo (de pronto, esos que conversaban contigo ayer están hoy más apurados que nunca), es porque has pasado a la condición de apestado. Y pasas a la condición de apestado solo cuando publicas o dices o haces algo que no cae bien, que forma ruido. Y a partir de ese momento, el miedo ―alrededor tuyo― adquiere la misma consistencia de un flan. Hay que saber que nosotros entregábamos muchas veces el nuevo número de la revista Diáspora(s) en lugares «comprometidos»: la presentación de alguien en la sala Villena de la UNEAC, por ejemplo. O en algún lanzamiento de la revista Revolución y cultura. Llegábamos y les dábamos la revista a los conocidos que tuviéramos allí. Con mucha pausa además, como si fuera algo casi sagrado. Un tesoro. La rapidez con que la gente hacía desaparecer la revista en sus maletines era proporcional a la satisfacción que aquel happening nos enmarcaba en el rostro. Para seguir leyendo…

Ángel Pérez: ·Las malas palabras. Acercamientos a la poesía cubana de los Años Cero·

Aquí les va el prólogo a Las malas palabras. Acercamientos a la poesía cubana de los Años Cero, libro de Ángel Pérez recién publicado por Casa Vacía: “El rasgo más característico de este grupo de poetas en relación con la “evaluación social” operada en sus textos, es quizás el despliegue de una escritura de marcadas intenciones políticas. Y entiéndase lo político como la expresión de los conflictos sociales latentes en diversos grupos, que ponen a circular en la esfera pública, a través de múltiples medios de intervención cívica, marcas de identidad, códigos de representación, procesos de subjetivación…” Enjoyyyyt 😉

Aida Chacón: ·La novela de la Revolución y la novela de la disidencia en la literatura cubana de los años 70·

La disidencia literaria no es, ni puede serlo nunca, la misma a lo largo de mucho tiempo. La razón es que las políticas culturales cambian, los tiempos cambian, la realidad cotidiana cambia y el discurso social que permea al discurso literario también lo hace. Es por eso que propongo que el tratamiento de esta categoría se haga a partir de la segmentación en décadas y, como mencioné en la introducción de este estudio, es necesaria esta segmentación para abordar el análisis literario de una forma práctica que permita conocer ciertas complejidades que se encuentran cercanas en la historia y que posibilitan la apreciación del objeto de estudio como una unidad. También debo señalar que esta partición por décadas es en todos los casos arbitraria, pues los acontecimientos no inician y terminan a la par del periodo de tiempo en cuestión, sino que se continúan y presentan paulatinamente algunos rasgos o intensidades que los definen o caracterizan. Para seguir leyendo…