Nicolasito Guillén

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Biofilmografía de Guillén Landrián (Camagüey, 1938- Miami, 2003). Ingresó en la Universidad de La Habana para estudiar Ciencias Sociales y Políticas, carrera que abandonó para dedicarse a la locución radial. En 1961 comenzó a trabajar en el ICAIC como asistente de producción y dirección. Realizó su primer documental en 1963. Residió en Estados Unidos desde 1990 hasta su muerte. Filmografía 1962: Congos reales (Enciclopedia Popular No. 18), 8 minutos, inexistente en archivo; y Patio arenero (Enciclopedia Popular No. 27), 10 minutos, inexistente en archivo. 1963: El Morro (Científico-Popular), 10 minutos, inexistente en archivo; En un barrio viejo (Científico Popular), 9 minutos; y Un festival, 9 minutos, no exhibido. 1965: Ociel del Toa, 17 minutos; Los del baile, 6 minutos, no exhibido; y Rita Montaner, no terminado, inexistente en archivo. 1966: Retornar a Baracoa, 15 minutos, no exhibido; y Reportaje (Plenaria campesina), 9 minutos, no exhibido. 1968: Coffea Arábiga (Científico-Popular), 18 minutos. 1969: Expo Maquinaria Pabellón Cuba, archivado sin hacer primera copia, inexistente en archivo. 1971: Desde La Habana, 1969, 18 minutos, archivado con primera copia; y Taller de Línea y 18, 9 minutos, no exhibido. 1972: Un reportaje sobre el Puerto Pesquero, 9 minutos, no exhibido; Nosotros en el Cuyaguateje (Científico-Popular), 10 minutos; y Para construir una casa, 17 minutos, no exhibido. 2002: Miami Downtown, 20 minutos. PremiosEn un barrio viejo: Diploma de Honor. Festival Internacional de Cine de Cortometraje. Cracovia, Polonia. –Ociel del Toa: 1966. Primer Premio Espiga de Oro. Festival Internacional Cinematográfico. Valladolid, España.

Fuente: Cinemateca de Cuba

 

 

El cine postergado. Entrevista a Nicolás Guillén Landrián

 

 Lara Petusky Coger
Alejandro Ríos
Manuel Zayas

Nicolás Guillén Landrián falleció el 22 de julio de 2003. Dos meses antes, en lo que sería su última entrevista, hablaba sobre su cine postergado. Estas fueron, básicamente, las palabras de un hombre que ejerció los más variados oficios: cineasta, pintor, algunas veces poeta o locutor radial, y en su época de desgracia, guardaparques y barrendero. Murió en Miami y quiso descansar en La Habana.Nicolás, ¿cómo fueron tus inicios en el cine?

Bueno, yo cuando adolescente traté de hacer una película en 16 milímetros con un grupo de muchachos de Camagüey. Pero no se realizó porque no teníamos manera de editar. Mi madre, recuerdo, me compró una editora de esas corta-y-pega. Pero no pudimos editar la película. Conseguimos una cámara. Pero no se logró hacer el filme.

¿Recuerdas sobre qué era?

Sobre un festival católico que se celebraba en La Habana en esa época.

¿Y luego?

Luego la vida me condujo por otros caminos: la universidad, la insurrección contra Batista…

¿Qué estabas estudiando en aquella época?

Ciencias sociales. Quería ser diplomático.

¿Cómo entraste en el ICAIC?

La señora con la que yo estaba casado en ese momento, que se llamaba Cristina Lagorio, que era actriz, me dice: “¿y tú por qué no vas al ICAIC, tú que pintas y que tienes esa fijación con el cine, que te gusta el cine, y llenas una planilla para ver si te aceptan?”. Juan Carlos Tabío fue quien me llevó. Entonces me llenaron la planilla y me aceptaron de asistente de producción. Allí conocí a Joris Ivens. Me pusieron a trabajar con Joris Ivens, a recibir clases de él.

Joris Ivens era un tipo con un amor hacia los demás y con una pupila cinematográfica extraordinaria. Fue quien me nombró director de cine a mí. Lo habían contratado en Cuba para formar la escuela de cine de documentalistas. Entonces él me aprobó como asistente de dirección. Era un salto de la cosa administrativa a la cosa artística. Yo le hice un guión sobre un cuadro de Van Gogh, sobre el cuarto de Van Gogh. Con ese guión él me logra nombrar en el departamento artístico, no administrativo, que fue por donde empecé.

¿Por qué firmabas como Guillén Landrián?

En mis documentales aparece sólo en uno mi nombre completo, en los demás Guillén Landrián. Yo no podía firmar Nicolás Guillén Landrián, tenía que firmar Guillén Landrián. Había que quitar el nombre para que no hubiera confusión con el poeta. El poeta no hacía cine.

¿Quiénes eran tus padres?

Mi papá era abogado, el abogado del diferencial azucarero, el que ganó el pago del diferencial para los trabajadores azucareros de Cuba. Mi padre fue un gran tipo. A mi madre le gustaba hacer artesanías, figuras, decoración. Se preocupaba por el arte. Me llegó a hacer pintar. Tenía el celo de que yo fuera también un Nicolás Guillén artista. Yo pintaba ya antes de hacer cine. Estuve en la Escuela de San Alejandro, en una escuela que se llamaba la anexa a San Alejandro…

Bajar el archivo completo: 

El cine postergado. Entrevista a Nicolás Guillen Landrián

 

 

 

 

Nicolás Guillén Landrián: muerte y resurrección 

Manuel Zayas

 

Tomado del Blog cine-ojo http://cine-ojo.nireblog.com y por cortesía del autor.

En los círculos de personas que lo conocían en Cuba y que habían perdido todo enlace con él, a Nicolás Guillén Landrián ya lo imaginaban muerto. En febrero de 2003 —gracias a Alejandro Ríos y a Lara Petusky Coger— conocí que el cineasta vivía en Miami y entré en contacto con él. Los encuentros fueron sólo a través del correo electrónico y duraron unos escasos tres meses.

Nicolasito todavía no sabía del cáncer que acabaría con su vida, ni yo me imaginaba haciéndole un documental post mortem. Pero como sucedió con sus filmes, estrenados la mayoría casi treinta años después de terminados, en su vida todo pareció quedar postergado. Más que quererlo el destino, esa fue la determinación de los ilustres funcionarios de la cultura.

En 2002 y 2003, la Muestra de Jóvenes Realizadores que auspicia el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), estrenó la mayor parte de sus títulos dentro de la sección “Premios a la sombra”.

En el dossier de presentación, se aclara: “A la sombra (frase idiomática): bajo el amparo de// en la cárcel// oculto tras// en la penumbra// sin suerte, sin fortuna// permanecer oculto a pesar de// puesto a un lado// reservado”.

El descubrimiento sorprendió a no pocos entendidos. Desde entonces, el nombre de Nicolás Guillén Landrián comenzó a resonar. Imagino que algún día figure en los catálogos del cine cubano.

Estas son las únicas tres cartas que se salvaron de aquel encuentro. Lamento ser tan poco minucioso en no archivar toda la correspondencia, en no haber conservado las fechas:

I

Estimado Manuel: Los documentales o mejor dicho los títulos de los documentales de los que envías una lista resulta incompleto. No sé si has querido sintetizar. Los títulos son:

Homenaje a Picasso, El Morro, Un festival deportivo, En un barrio viejo, Ociel del Toa, Retornar a Baracoa, Plenaria campesina, Rita Montaner, Los del baile, Coffea Arábiga, Desde La Habana -1970- Recordar, Taller de Línea y 18, Un reportaje en el puerto pesquero y Nosotros en el Cuyaguateje que fue el último que yo hice. Además yo dudo que existan copias de Desde La Habana -1970- Recordar y de Rita Montaner, porque tengo entendido que no se copiaron, se quedaron en edición de imagen y sonido, re-recording[1], y El Son, del cual no pude ver ni los rushes[2].

Ojalá que logres un filme objetivo y ejemplar debido al tema.

Saludos,

Nicolás Guillén Landrián

II

Olvidé Patio arenero y Congos reales debido a la premura con que me dirigí a ti hace unas horas. No tengo conflictos estéticos con ninguno de mis filmes. Todos los conflictos estéticos son resultado de los conflictos conceptuales. Yo quería ser un intérprete de mi realidad. Siempre estuve en el vórtice de la enajenación. El resultado cabal es cada filme terminado.

No pensaba en hacer cine antes de que existiera el ICAIC porque no tenía manera de lograr un resultado. Pero sí había hecho un corto sobre Zanja en La Habana en el cual fui acompañado por Françoise Sagan. No se editó. Una de las patrocinadoras de este filme fue mi madre, Adelina Landrián, que dio dinero y compró la máquina de editar —que no se usó; otra, la Juventud Católica de La Habana.

Me acerqué al ICAIC debido a que no tenía ninguna opción laboral en la década del 60. Busqué trabajo allí y me lo dieron. Comencé como asistente de producción y en unos años fui nominado director de cortometrajes.

Mi formación —apoyada en la obra de otros realizadores de la Escuela Documental: Alberto Roldán, Fernando Villaverde— me hizo optar por temas inmediatos y plausibles. Por esto todos mis documentales resultaron luego postergados.

Fui humillado y proscrito durante toda mi permanencia en el ICAIC y censuraron mi cine —decían— debido a mi comportamiento social.

Joris Ivens y Theodor Christensen fueron el encuentro de un lenguaje adecuado y superior que de ambos maestros era inherente. Aprendí mucho con ambos: sobre todo, a ser cariñoso con la gente, a actuar con cariño.

No tengo copia de Los del baile, de Nosotros en el Cuyaguateje, de Plenaria Campesina, de Un festival deportivo ni de Congos reales.

Saludos,

Nicolás Guillén Landrián


[1]        1  En inglés en el original. Trad.: mezcla de sonido.

[2]    En inglés en el original. Término usado para hablar del copión, de la copia positivada del negativo original.

 

Bajar archivo completo:  Nicolás Guillén Landrián

 

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